[clica en el título para escuchar]
Se inclina la mujer,
escucho un niño
silbando,
escucho un hombre
que habla
y otro niño callado.
Asoma sus bigotes
un gato estampado.
Se pinta al lado
de uno, más pequeño,
que entre manos
ha quedado.
Dos palomas blancas
pegan el pico
en una luna de
cerámica.
Otra inapetente,
adornando una
cabeza,
se ha quedado
congelada.
En el fondo
garabatos
imprecisos
y una vaca.
Sobremesa de aire
libre,
pero
dentro de la casa.
Son las sobras,
imancitos
poderosos,
que entretienen
la nostalgia.
Somos todos
cuerpos frágiles
muy sensibles
de la magia.
Gabriela Olivé
***
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